LA VIDA EN SU TOTALIDAD

La vida tiene un principio y un fin. Pero solo para nosotros Ella misma fluye interminablemente, al margen de los muchos que la tienen por un tiempo, en los que hace presa para volver a abandonarlos, en los que entra y de los que sale.

Tal vez pensemos de ese modo. ¿Pero hacemos así justicia a su secreto? Pues evolucionamos a partir de algo que ya está vivo. Continuamos esa vida o, más exactamente, ella continúa en nosotros y a través de nosotros de múltiples maneras. De la manera más perfecta, en los propios hijos, pero también a través de todo lo que experimentamos y moldeamos, recibimos, multiplicamos y cedemos vitalmente. Así pues, la vida no sólo es vieja y activa desde los albores de los tiempos, sino que se desenvuelve y se renueva continuamente. Crece incluso alli donde perece. Pues lo que fue sigue obrando, aunque parezca muerto y cosa del pasado.

Por tanto, la vida también se manifiesta en todo lo que calificamos de inanimado, porque también esto prepara lo vivo, le sirve de base y premisa y se halla por ello inserto en el proceso vital.

Y hay que reparar en otro aspecto: la vida es idéntica en todos los entes. Nos parece distinta en las plantas, los animales y nosotros mismos. Pero no sirve a sí misma, no sólo está por sí misma, sino que se refiere a otros entes vivos de los que se nutre, a los que sirve y por los que termina y perece al servicio de la totalidad, dejando lugar a vida nueva o dándole alimento.

Por tanto, sólo puede vivir de verdad aquel que se abre a la vida toda y le sirve, por ejemplo, cuidándola y cobijándola.

Pero la vida también es violenta. Se desarrolla en el conflicto, como ocurre en la lucha por la luz solar o el alimento, lucha que a su vez se cobra otras vidas. Quien vive de verdad también se enfrenta a este lado de la vitalidad. No lo sortea.

Se crece en ese conflicto y quizá fracasa en él. Pero tanto su crecimiento como su fracaso sirven a la vida de igual modo.

De esa vida también forma parte la muerte. Está al servicio de la vida. Todo lo que es pasto de la muerte se conserva para la totalidad vital.


Pensamientos en el Camino pag. 66
Bert Hellinger